• Inicio
  • Blog
  • Un día dejé de hacer lo de siempre.

Un día dejé de hacer lo de siempre.

Durante años hice lo que sabía hacer y funcionaba. Pero con el tiempo algo empezó a no cerrarme. Este artículo es sobre ese momento en el que cambié mi manera de trabajar y lo que entendí al mirar más allá de lo evidente.

Un día dejé de hacer lo de siempre.

Durante años hice lo que sabía hacer. Me dediqué a mi profesión a pleno. Me apasionaba visitar casas y crear sistemas de orden en ellas.

Entraba a las casas, miraba los espacios, detectaba lo que faltaba, lo que sobraba… y armaba sistemas. ¡Cada una era un misterio!

Funcionaba muy bien, lo disfrutaba mucho. Se veía el cambio. Se sentía. Mis clientas me llamaban para agradecerme: “¡Me cambiaste la vida!”

Y eso tenía algo muy gratificante.

Pero con el tiempo, me fue haciendo ruido ese mensaje: “Me cambiaste la vida”… Y yo pensaba que lo que pasaba no era algo evidente. Algo las movilizaba, quizá nuestras charlas al momento de desapegarse de cosas, su descargo porque la casa estaba así… Todo me llevó a comprobar que había algo más.

Y entonces, con una mirada más atenta, empecé a ver que lo que pasaba en las casas no tenía que ver solo con lo que estaba a la vista.

Había decisiones postergadas. Cansancio acumulado. Cosas sostenidas por costumbre, por miedo a perder, porque siempre fue así, entonces ¿por qué cambiarlo?, o por ese famoso “por las dudas” que todos conocemos.

Y eso no se resolvía solo organizando. Ahí fue cuando, sin darme cuenta, empecé a hacer algo distinto.

Escuchar más. Preguntar más. Quedarme un poco más en lo que NO se veía.

Y entendí algo que me cambió la manera de trabajar. Lo que estaba pasando en el exterior, ese desorden, reflejaba el interior y un pedido de ayuda silencioso en mis clientas.

Pasaba en las decisiones que tomaban. En lo que cada una de ellas elegía sostener. En lo que no se animaban a revisar en su vida, por no salir de la zona más incómoda que existe, “LA ZONA DE CONFORT”, sí, leyeron bien, dije incómoda. El miedo les ganaba, las paralizaba y ahí se quedaban… ESTANCADAS EN SU DÍA A DÍA…

Mi decisión de dejar de hacer lo mismo de siempre no fue de un día para el otro. Fue un proceso. También experimenté el miedo, pero me tenía que mover de ese lugar incómodo, ya no me sentía cómoda con organizar casas, necesitaba un paso más!

Entonces evolucioné, avancé contra todo… Ya no tenía sentido para mí mirar solo el resultado. Necesitaba entender el proceso que mis clientas vivían, pero sobre todo acompañarlas.

Hoy mi trabajo es otro. No porque haya dejado todo lo demás atrás.

Sino porque mi manera de acompañar cambió. Ya no organizo de manera presencial, trabajo con mujeres que sienten que están sosteniendo demasiado. Que quieren hacer cambios, pero no saben por dónde empezar o cómo sostenerlos en el tiempo.

Y ahí es donde aparece lo más importante.

Las elecciones. Los límites. Lo que se sigue sosteniendo sin sentido.
Lo que cuesta soltar.

Porque cuando eso empieza a ordenarse, lo que pasa en la casa también cambia. No siempre es rápido. No siempre es perfecto. No uso fórmulas mágicas, pero cambia.

Con los años entendí que no se trata solo de hacer. Se trata de elegir.

Elegir qué se queda. Qué se va. Qué se sostiene. Y qué ya no.

Por eso hoy mi trabajo es acompañarlas, para que cada una pueda hacerlo desde su propia claridad. Sin forzarse. Sin intentar encajar en algo que no tiene nada que ver con su vida.

Si algo cambió en estos años, no es lo que hago. Es desde el lugar que lo hago hoy.

VP® Vivi Papa



Comentarios (6)
Unirse a la conversación
Escribe tu comentario…
Aún no hay comentarios en este artículo
Te puede interesar
Accede con tu cuenta de VP. ViviPapa
¿Ya tenes cuenta?
Iniciar sesión
Cerrar X