Hay una frase que escucho muy seguido en las mentorías: "Siento que estoy perdida".
Y cada vez que la escucho, me pasa lo mismo. No me apresuro a responder.
Porque aprendí que muchas veces lo que parece una pérdida de rumbo es otra cosa. Es una transición. Y hay una diferencia enorme entre ambas.
Porque cuando estamos perdidas sentimos que no sabemos hacia dónde ir. Pero cuando estamos en transición, muchas veces sí sabemos que ya no queremos seguir donde estamos.
Y eso lo cambia todo.
Este caso donde mas se repite es en mujeres que durante años construyeron una vida alrededor de determinadas responsabilidades, rutinas y roles.
Mujeres que estuvieron para todos. Que criaron a sus hijos, que sostuvieron o sostienen sus casas, que trabajan en lugares donde estan en automático, donde no estan a gusto, pero la necesidad es más fuerte.
Y que un día se encuentran frente al espejo sintiendo algo difícil de explicar. No están mal. No están deprimidas. No les pasa nada puntual. Pero tampoco se sienten como antes.
Y entonces aparece la pregunta: "¿Qué me está pasando?"
La realidad es que muchas veces no pasa nada malo. Lo que pasa es que cambiaste.
Y cuando una cambia, las cosas que antes funcionaban dejan de encajar de la misma manera.
Los intereses cambian. Las prioridades cambian. Las conversaciones cambian.
Incluso los sueños cambian. Pero como nadie nos enseña a atravesar esos procesos, solemos interpretarlos como una crisis.
Y no siempre lo son. A veces son una evolución. El problema es que las transiciones son incómodas. Porque hay una parte de vos que ya quedó atrás.
Pero todavía no terminas de conocer a tu nueva yo.
Y ese espacio intermedio genera incertidumbre. Querés respuestas. Querés claridad. Querés saber qué sigue. Pero muchas veces la vida no funciona así.
Hay etapas que primero se viven y después se entienden. Y quizás por eso son tan difíciles.
Porque estamos acostumbradas a tener todo bajo control.
A saber qué hacer. A tener un plan. Y cuando eso desaparece, sentimos que estamos fallando.
Cuando en realidad estamos creciendo , evolucionando.
Yo también atravesé momentos así. Momentos en los que ya no me identificaba con ciertas versiones de mí misma. Momentos en los que entendí que seguir haciendo lo mismo solo porque siempre lo había hecho ya no tenía sentido. Y no fue cómodo.
Porque dejar atrás una etapa también implica despedirse de un pedacito de una misma.
Pero con el tiempo entendí algo importante. No siempre tenemos que encontrar respuestas rápidas. A veces alcanza con dejar de pelearnos con el proceso.
Con aceptar que estamos cambiando. Que estamos evolucionando.
Que estamos construyendo algo que todavía no termina de verse completo. Y eso requiere paciencia. Porque las transiciones no tienen la claridad de los comienzos ni la seguridad de lo conocido. Tienen preguntas. Dudas. Movimientos internos. y mucho aprendizaje.
Por eso, si hoy sentís que estás perdida, quiero dejarte una idea. Quizás no estés perdida.
Quizás simplemente ya no sos la misma. Y eso, aunque hoy te genere incertidumbre, también puede ser una señal de crecimiento. Porque hay momentos en la vida en los que no necesitamos encontrarnos. Necesitamos darnos permiso para transformarnos. Y confiar en que, aunque todavía no veamos el camino completo, estamos exactamente donde necesitamos estar.
¿Alguna vez sentiste que estabas perdida y después descubriste que en realidad estabas cambiando? Contame...
VP® Vivi Papa