• Inicio
  • Blog
  • ¿Qué pasa si un día dejás de controlarlo todo?

¿Qué pasa si un día dejás de controlarlo todo?

Recordás los turnos, sabés qué necesita cada miembro de tu familia, anticipás problemas y estás pendiente de que nada se escape. No porque te lo pidieron. Porque está en tu naturaleza. Y quizás nunca te preguntaste qué pasaría si un día dejaras de hacerlo.

¿Qué pasa si un día dejás de controlarlo todo?

Clara llegó a Puertas Adentro agotada... Y no porque su casa fuera un desastre ni porque no supiera organizarse. De hecho, era todo lo contrario.

Clara era de esas mujeres que se acuerdan de todo: sabía cuándo tenía turno cada uno de sus hijos, qué día había que pagar el colegio, qué actividad tenía cada uno esa semana y qué faltaba comprar para la casa. Si su marido tenía una reunión importante, probablemente ella también sabía a qué hora era.

En su trabajo pasaba lo mismo. Era la que se anticipaba,  veía venir los problemas, quien recordaba aquello que los demás habían olvidado. La que revisaba antes de entregar un escrito una vez más "por las dudas".

Durante nuestra conversación apareció una frase que me quedó dando vueltas:

—Yo sé que debería soltar un poco, pero si no estoy pendiente, las cosas no se hacen.

Y no lo decía desde el enojo. Lo decía convencida. Porque esa era su experiencia, lo que normalizo para su vida.

Había aprendido que estar atenta funcionaba. Que anticiparse evitaba problemas. Que recordar las cosas hacía que se resolvieran. Que revisar una vez más podía evitar un error.

Entonces, ¿por qué iba a dejar de hacerlo?

La cuestión es que Clara no había llegado a ese punto porque alguien le hubiera pedido que controlara todo.

Estaba en su naturaleza.

Era observadora, organizada, previsora. Le gustaba tener las cosas pensadas. Tenía facilidad para detectar lo que faltaba antes de que alguien más lo notara.

Y probablemente muchas de esas características habían sido grandes aliadas a lo largo de su vida.

Pero así como fueron grandes aliadas un dia empezaron a pesar.

Porque una cosa es tener la capacidad enorme para anticiparte. Y otra es sentir que, si vos no te anticipás, algo malo necesariamente va a suceder.

Ahí empezamos a mirar algo distinto.

No cuánto hacía Clara. Sino cuánto necesitaba estar pendiente de todo para poder sentirse tranquila.

Y eso dio un giro en la conversación.

Porque cuando hablamos de control, enseguida pensamos en alguien que quiere manejar la vida de los demás. Pero no siempre se ve así.

A veces el control se parece a acordarte de que tu hijo tiene que llevar algo mañana y terminar revisando tres veces si efectivamente lo puso en la mochila, o preguntarle a tu pareja si  hizo aquello que sabés tenia que hacer.

A mirar el reloj porque alguien todavía no llegó. A revisar un mensaje antes de enviarlo y después volver a mirar si lo leyeron.

A organizar un plan y, mientras todos disfrutan, seguir pensando en lo que puede faltar.

A estar en una reunión de trabajo y, al mismo tiempo, tener en la cabeza que hay que comprar algo para la cena. No necesariamente porque alguien te lo haya pedido.

Porque vos ya estás pensando en eso.

Y ahí está lo interesante. No se trata simplemente de "dejar de controlar".

Porque para algunas personas controlar es casi una forma de anticiparse a la vida.

Y si durante años eso te ayudó a sentir que estabas preparada, soltarlo puede generar una sensación bastante incómoda.

¿Qué pasa si no pregunto? ¿Qué pasa si no recuerdo, si no reviso, si dejo que otro se ocupe?

¿Qué pasa si algo sale mal?

Y quizás la pregunta más importante sea otra:

¿Qué creo que voy a perder si dejo de estar pendiente de todo?

Porque tal vez estés intentando controlar lo que puede pasar y no a los demás.

Y eso es imposible.

La vida va a seguir teniendo imprevistos. Tu pareja va a tomar decisiones que no tomarías vos.

Tus hijos van a olvidarse de cosas. Alguien en tu trabajo va a equivocarse.

Un plan va a cambiar. Algo que organizaste perfectamente va a salir diferente.

Y no necesariamente porque vos no hayas hecho bien las cosas.

Simplemente porque no todo está bajo nuestro control.

Esto puede parecer obvio cuando lo leemos. Pero vivirlo es otra cosa.

Por eso, en una mentoría, no me interesa decirle a una mujer "tenés que soltar el control".

Me interesa acompañarla a mirar qué está haciendo con él. Porque quizás hay cosas que necesita seguir organizando. Y otras que puede dejar de sostener.

Quizás hay una responsabilidad que realmente le corresponde. Y otra que asumió porque siempre fue más fácil hacerla ella.

Puede haber una situación en la que necesita intervenir. Y otra en la que podría quedarse al margen y mirar quépasa.

No se trata de dejar de ocuparte, sino de empezar a distinguir lo que es ocuparte de algo de necesitar controlarlo.

¿Y sabes lo enorme que puede ser esa diferencia?

Porque cuando Clara empezó a probar que cosas delegar, o dejar atrás , no pasó nada extraordinario.

No dejó de organizar su casa, tampoco se desentendió de sus hijos, ni renunció a su trabajo.

Simplemente empezó a dejar algunos espacios vacíos:  Una cosa que antes recordaba, dejó que la recordara otra persona. Identifico lo urgente de lo importante, o una decisión que sentía debía tomar por todos, la dejó en manos de quien correspondía.

Y algunas cosas salieron distinto. Otras no salieron tan bien como a ella le hubiera gustado.

Pero también pasó algo que no esperaba.

Descubrió que podía no saberlo todo y estar bien.

Por eso digo que ahí empieza otro tipo de orden, que no tiene que ver con tener todo previsto, sino con saber qué merece realmente nuestra atención.

Porque vivir intentando controlar cada detalle también ocupa espacio: en la cabeza, la agenda, en los vínculos y en la energía que tenemos disponible para nosotras.

Y por eso algunas mujeres llegan a un momento en el que se sienten agotadas sin entender demasiado por qué, pero si se que pasa porque están pensando demasiado en todo lo que podría pasar.

Y eso agota.

Por eso hoy te propongo un ejercicio: 

La próxima vez que estés por intervenir, recordar, revisar o resolver algo que habitualmente hacés vos, frená un segundo. Imaginate un semáforo, pone la luz en rojo...

Y esto no es para obligarte de dejar de hacer, a soltar...

Solo preguntate:

¿Esto necesita que yo me ocupe? 

No siempre vas a tener la respuesta. Y tampoco hace falta.

A veces empezar a hacernos esa pregunta ya modifica algo.

Porque quizás un día dejés de controlar una cosa, luego otra y asi descubras que otros de entorno pueden hacerse cargo.

Que algunas cosas pueden esperar, otras pueden salir diferentes.

Y que vos podés seguir siendo esa mujer atenta, organizada, previsora y resolutiva que sos. Pero más liviana.

Porque el verdadero desafío es dedicarte más a vos...

Gracias por leerme.

Abrazo organizado.

VP® Vivi Papa


Comentarios
Unirse a la conversación
Escribe tu comentario…
Aún no hay comentarios en este artículo
Te puede interesar
Accede con tu cuenta de VP. ViviPapa
¿Ya tenes cuenta?
Iniciar sesión
Cerrar X