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No siempre estás bloqueada. A veces solo estás sobreviviendo.

Hay momentos en los que hasta lo más simple se vuelve difícil. Y enseguida pensamos que perdimos la motivación o la disciplina. Pero ¿y si el problema no fuera que estas bloqueada? ¿Y si, en realidad, llevaras demasiado tiempo sobreviviendo?

No siempre estás bloqueada. A veces solo estás sobreviviendo.

Hay momentos en los que hasta lo más simple se vuelve difícil: contestar un mensaje, empezar una tarea, tomar decisiones, terminar de hacer esos pendientes interminables... Y entonces aparecen las explicaciones de siempre.

"Estoy procrastinando. No tengo disciplina. ¿Por qué antes podía?"

Pero ¿y si ninguna de esas respuestas fuera la correcta?

Vivimos en una época que premia hacer, producir, resolver, llegar a todo. Y, sin darnos cuenta, empezamos a convencernos de que, si un día no podemos avanzar, el problema somos nosotros.

Sin embargo, después de acompañar a tantas mujeres durante estos años, descubrí algo que se repite mucho más de lo que imaginamos.

No siempre están bloqueadas. Están agotadas.

Llevan tanto tiempo sosteniendo responsabilidades, expectativas, preocupaciones y decisiones, que llega un momento en el que el cuerpo hace lo único que sabe para protegerse: baja la velocidad. Que desde afuera parece un bloqueo, pero por dentro es otra cosa.

El bloqueo no siempre es la ausencia de movimiento. Muchas veces es el exceso del peso que sostenemos. Esa famosa mochila en la espalda:

La mente pidiendo una pausa, el cuerpo intentando ahorrar la poca energía que le queda. Ese modo supervivencia en el que dejamos de elegir cómo queremos vivir para simplemente intentar llegar al final del día.

Lo difícil es que, mientras eso pasa, también aparece la culpa. Porque seguimos viendo todo lo que no hicimos. Y empezamos a creer que perdimos la motivación. Que nos volvimos desordenadas, que ya no somos las mismas.

Pero quizás no perdiste las ganas. Quizás hace demasiado tiempo que no encontrás un espacio para vos.

Y eso también se nota, porque lo sentís en la cabeza, que no puede pensar con claridad. En la casa, donde todo empieza a acumularse. Y también en esas decisiones que seguimos dejando para después.

Porque el orden externo y el orden interno nunca dejan de hablar entre sí.

Cuando uno entra en caos, el otro también se resiente. Por eso no creo que la salida sea exigirte un poco más, ni hacer una lista más larga de pendientes o prometerte que el lunes vas a empezar de nuevo.

A veces el primer paso no es hacer más. Es mucho más simple.

Respirar. Aceptar que hoy no estás pudiendo con todo. Elegir una sola cosa. Y hacerla.

No porque esa acción vaya a resolver todos los problemas. Sino porque le recuerda a tu cuerpo que todavía puede salir a la superficie. Que todavía puede volver a moverse.

Porque, aunque hoy no lo parezca, nadie vive para siempre en modo supervivencia.

Y muchas veces el verdadero cambio no empieza cuando recuperamos las ganas, sino cuando dejamos de pelearnos con el momento que estamos atravesando.

Gracias por leerme, ahora quiero leerte a vos, contame como estas hoy... te sentís bloqueada realmente o sobreviviendo...

Abrazo organizado.

VP® Vivi Papa


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