Hay una escena que se repite más de lo que imaginamos.
Una mujer ve una propuesta. Lee. Se entusiasma. Pregunta. Se imagina ahí.
Y después… NADA
No porque no le interese. No porque no le sirva.
Sino porque aparece esa frase silenciosa y conocida: “más adelante”.
Más adelante cuando tenga tiempo. Más adelante cuando esté más tranquila.
Más adelante cuando todo esté un poco más ordenado.
El problema es que ese “más adelante” muchas veces no llega.
No lo digo juzgandolas. Lo digo desde la observación de años acompañando procesos.
Postergar no siempre es desinterés. Muchas veces y aunque moleste saberlo ES MIEDO.
Miedo a comprometerse con una misma.
Miedo a abrir una puerta que no sabemos a dónde lleva.
Miedo a mover algo que, aunque hoy incomoda, ya es conocido.
Entonces se abandona la idea. No porque no sea valiosa, sino porque tocarla implicaría hacerse cargo de algo más grande.
Y acá viene lo que duele un poco.
Cuando una mujer posterga algo tan simple como una capacitación que le genera entusiasmo, no está postergando un curso. Está postergando una posibilidad.
La posibilidad de mirarse distinto.
De ordenar ideas.
De ganar claridad.
De habilitar un cambio muy grande en su vida.
Lo pequeño no es tan pequeño.
Desde mi rol como mentora en claridad y orden interior, veo esto todo el tiempo. No solo en formaciones, también en decisiones cotidianas.
La vida no se traba de golpe. Se traba de a poco.
Con pequeñas postergaciones que parecen inofensivas.
Y así pasan los meses. Los años. Las ganas.
No siempre se trata de hacer grandes cambios.
A veces se trata de escuchar lo que hoy ya te está pidiendo lugar.
Eso que te entusiasmó por algo. Eso que apareció sin que lo buscaras.
Eso que no llegó por casualidad.
No dejes para mañana lo que hoy te está tocando una fibra.
No porque sea urgente. Sino porque ES IMPORTANTE.
Quizás no sea el momento perfecto. Pero tal vez sea el momento posible.
Y eso, muchas veces, alcanza.
Pensalo!
Abrazo organizado .VP® Vivi Papa