La navidad, mi familia y yo...
Siempre me gustó la Navidad.
No solo por las luces, la mesa o la comida, sino por lo que se mueve alrededor de ella: las personas, las casas, los encuentros, las historias que se transforman.
Cuando era chica, las vísperas las pasábamos con la familia de mi mamá. Éramos alrededor de sesenta personas. Un verdadero familión.
Los más grandes se turnaban cada año para poner la casa. Una casa distinta, pero la misma sensación: ruido, risas, mesas largas, chicos corriendo, adultos hablando fuerte, todos juntos.
Era intenso. Era caótico. Era hermoso.
Hasta que un día pasaron cosas. Pues como dije familia numerosa...
Y eso que parecía eterno, dejó de serlo.
Después, las Navidades empezaron a ser distintas.
Los 24 pasaron a celebrarse nosotros cuatro: mamá, papá, mi hermano y yo.
Y también mis dos abuelas, porque mis abuelos ya no estaban en este plano.
Fue otra Navidad. Más chica, más silenciosa, más íntima.
No mejor ni peor. Distinta.
Con el tiempo conocí a Emi. Me enamoré. Me casé.
Y los 24 empezaron a ser en la casa de sus papas..
Ahí se sumaron mis abuelas, mis papás, mi hermano, su familia, su tía, su nono.
Otra casa. Otro modo. Otro armado.
Hasta que, nuevamente, la vida hizo lo suyo.
Falleció mi suegro y las fiestas volvieron a cambiar.
Desde entonces, muchas de las visperas de Navidad pasaron a ser en casa.
A veces somos más. A veces somos menos.
Pero seguimos siendo.
Los 25, en cambio, tienen otro lugar en mi memoria.
En mi niñez y adolescencia, los 25 siempre eran en la quinta que teníamos en Glew. Qué tiempos esos. Qué felicidad. Qué sensación de verano eterno.
Todo el familión caía ahí.
Pileta, futbol, sobremesas larguísimas, risas sin reloj.
Después, como pasa con la vida, la quinta se vendió.
Crecimos. Nos volvimos adolescentes. Cada uno con su historia.
Cuando nos mudamos a Adrogué, mis papás hicieron pileta en esa casa y los 25 pasaron a ser ahí, con gran parte del familión.
Así fue durante años, hasta la pandemia.
En 2021 volvimos a juntarnos todos, esta vez en otra locación. Mis papas se mudaron a un barrio cerrado, tranquilo y todos estuvimos ahi!
Volver a vernos, volver a compartir, volver a reconocernos después de tanto.
El año pasado, el 25 fue en lo de mi primo.Los de siempre, ¡que felicidad! en la imagen nos ven a todos (aunque falta parte de los niños que no querian salir de la cama elastica y mis hijos que para esa hora ya se habian ido, pues adolescentes, jaja) y Volvimos a reírnos. Volvimos a disfrutar. Volvimos a ser.
Y este año, el mapa vuelve a acomodarse:
el 24 será en casa, el 25 nuevamente con el familión en lo de mi primo.
Y acá estoy. Agradecida.
Porque si algo me enseñaron las Navidades es esto:
las casas cambian, las mesas se mueven, las personas se van, otras llegan, los números se achican o se agrandan.
Pero lo que queda no es el lugar.
Es el encuentro.
La Navidad no es una forma fija.
Es una historia que se reescribe año a año.
Y hoy, mirando todo ese recorrido, solo puedo decir gracias.
Por lo vivido. Por lo compartido. Por lo que sigue. Por aquellos que pude disfrutar y hoy ya no estan con nostros. Por el amor incodicional. Por las peleas. Por las risas, y por elegirnos siempre a pesar de todo.
Disfrutar las fiestas es nuestra elección y yo elijo disfrutarlas!!! Me encanta este epoca del año...
¿Me cuentan ustedes?
Abrazo organizado
VP® Vivi Papa