Muchas veces se escucha la palabra “mentoría” y no termina de quedar claro qué significa.
Algunas personas la asocian a una charla. Otras a una sesión puntual. O incluso a algo más teórico. Pero una mentoría, al menos como yo la trabajo, no es nada de eso.
Una mentoría es un proceso. Y esa diferencia es clave.
Porque no se trata de un encuentro aislado, sino de lo que empieza a pasar a lo largo del tiempo. De lo que se mueve cuando te miras distinto. De lo que aparece cuando alguien te hace una pregunta que no te habías hecho.
No es solo lo que se habla en una sesión. Es lo que pasa después. Porque siempre se sigue trabajando, la mentoría deja huella, deja enseñanza, deja experiencia.
En mi caso, ese proceso está enfocado en el orden interno y la claridad. En poder mirar qué estás sosteniendo, qué ya no tiene sentido, porqué te estás postergando, porque no podes darte un rato sin sentir culpa, porque la queja de no me alcanza el tiempo, porque procrastinas, porque estas para los demás y no para vos, porque se desordena tu vida, tu casa, y no logras ordenarte y sobre trabajar que en el fondo ya sabes que es así, pero lo negás y lo normalizas, te conformas con un "así es mi vida" "en mi desorden me entiendo" "me necesitan".
Porque como te decía en líneas anteriores, muchas veces no es que no sabemos que nos pasa, es que no nos estamos animando a ver, a hacernos cargo, a salir de esa zona que creemos es cómoda, pero creeme que no lo es. Y cuando todo lo que sentimos empieza a resonar, algo dentro de nosotras se mueve. No de un día para el otro. No es perfecto. No es lineal. Pero se mueve.
Una mentoría no busca respuestas rápidas. Es hacerte mejores preguntas.
Es empezar a ordenar desde otro lugar. No desde lo que “debería ser”, sino desde lo que hoy es, aunque no sea lo que esperabas. Y eso implica incomodidad. Implica revisar muy dentro tuyo. Implica soltar. Implica dejar de sostener cosas que quizás llevás años sosteniendo.
Pero también implica algo muy importante: no hacerlo sola.
Porque hay algo que cambia cuando alguien te acompaña en ese recorrido. Cuando la mentora puede ver lo que vos todavía no estás pudiendo ver. Cuando te devuelve claridad, sin desarmarte, pero sabe algo: ella va a ir al hueso, te va a decir cosas que no querés escuchar, y sí, te va a molestar, claro. Pero el alivio en vos después de cada sesión va a ser inexplicable.
Por eso, para mí, la mentoría no tiene que ver con dar respuestas. Tiene que ver con acompañar a que cada una pueda ver, entender y elegir desde su propia claridad.
Y eso lleva tiempo. Lleva atravesar momentos que no siempre son cómodos.
Las mentorías pueden ser de distintas formas. Pueden ser individuales, uno a uno, donde el trabajo es más profundo, más enfocado en vos, en tu momento y en lo que estás atravesando. Y también pueden ser grupales, donde además del acompañamiento aparece algo muy valioso: el espejo en otras mujeres, escuchar historias, procesos, abrir la mirada y darte cuenta de que no estás sola.
También hay distintos tipos de mentorías. Algunas están enfocadas en negocios, otras en vínculos, en hábitos, en amor propio. Cada una trabaja desde un lugar distinto.
En mi caso, trabajo desde el orden interno y la claridad. Desde lo que sostiene todo lo demás.
Porque cuando eso empieza a ordenarse, dejás de sostener lo que no tiene sentido y empezás a elegir y sobre todo ELEGIRTE distinto.
VP® Vivi Papa