Desde 2019 no atravesaba una pérdida en la familia. Y si leíste mi libro Desapego: la clave de una vida plena, sabés lo que eso significó para mí en su momento. Pero el jueves 16 de abril, a la mañana, recibí una noticia que me volvió a conectar con ese lugar. Se fue mi padrino.
Después de 20 días peleándola, internado. Él vivía en Córdoba. Mis primos y sus familias, también viven allá. Lo que lo hizo más difícil aún , la distancia, no es lejos, pero tampoco cerca.
Entre lágrimas, automáticamente se me vinieron imágenes y recuerdos a mi cabeza: Tantas Semanas santas compartidas. Encuentros. Momentos simples… pero llenos de risas!
Y si alguna vez se preguntaron si una persona puede dejar en la vida de alguien miles de anécdotas… ese era mi tío Dani. O como lo llamaba mi mamá, su hermana menor:
Dani, el terrible.
Como les decía, en medio de la tristeza, aparecen recuerdos, risas. historias.
Hace un tiempo escuché a Pilar Sordo decir que una de las mejores maneras de atravesar un duelo es poder reírnos de las historias que esa persona nos dejó. Y tiene sentido. Porque no se trata solo de lo que se fue. Se trata también de todo lo que quedó.
Y créanme… Dani me dejó mucho.
El duelo no es lineal. No es prolijo. No es algo que “resolvés” de un día para otro. el duelo se atraviesa.
Y también hay algo que aprendí (y sigo aprendiendo): hay que permitírselo. Darse el espacio para estar triste. Para recordar. Para frenar.
Pero al mismo tiempo… seguir. Porque la vida sigue. Y no como una exigencia.
Sino como una realidad. Hoy me encuentro en ese lugar.
Entre la tristeza… y el movimiento.
Tratando de ordenar por dentro lo que se movió. Y también de volver a enfocarme.
Porque este domingo voy a estar en la Feria Internacional del Libro.
A las 18:30 en un panel. Y después, firmando ejemplares.
Y en algún punto, esto también es la vida: dónde conviven la emoción, la pérdida y el día a día.
No hay una forma correcta de atravesar un duelo. Pero sí hay algo importante: no anestesiarlo. No apurarlo y sobre todo no evitarlo. Procesarlo. Permitirse sentir. Recordar.
Y también, y sobre todas las cosas, sonreír por todo lo vivido. Soltarlos. Dejarlos ir en paz.
Y honrar la vida que tuvieron, con amor.
Esa es la forma que hoy elijo para seguir.
Gracias por leerme.
Abrazo organizado.
Vivi