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Llego Diciembre, con el las fiestas y el caos empieza antes de sentarse a la mesa

Diciembre no solo trae fiestas: trae decisiones, acuerdos familiares y una organización que muchas veces se vuelve agotadora. Quién pone la casa, qué lleva cada uno y cómo ordenar sin perder la calma. Hablemos de eso, puertas adentro.

Llego Diciembre, con el las fiestas y el caos empieza antes de sentarse a la mesa

Llego Diciembre, con el las fiestas y el caos empieza antes de sentarse a la mesa...

Hay algo que se repite todos los años y no falla...

Llega diciembre y, junto con las fiestas, aparece una pregunta que parece simple, pero no lo es:
¿Cómo nos organizamos? ¿Quién pone la casa? ¿Quién cocina?
¿Quién compra? ¿Quién trae algo? ¿Quién no trae nada?
¿Quién se ofende?¿Quién decide? ¿Quién se calla?

Y ahí es donde muchas veces el desorden no está en la casa, sino en los acuerdos que nunca se hablaron.

Cuando organizar una reunión se vuelve más pesado que disfrutarla

Para algunas personas, recibir en casa es un placer. Para otras, es una carga enorme que nadie ve.

Ordenar, limpiar, pensar dónde se sientan todos, qué falta, qué sobra, qué molesta. Y encima hacerlo con la sensación de que “tiene que estar todo bien”, porque son las fiestas.

En muchas casas, diciembre suma capas:
más objetos, más comida, más expectativas, más opiniones, más cansancio.

Y ahí aparece el verdadero caos: querer sostener todo sin decir nada.

La casa no es el problema. La falta de acuerdos, sí.

Muchas discusiones familiares no empiezan el 24 o el 31.
Empiezan semanas antes, cuando nadie se anima a decir lo que realmente puede y quiere hacer.

A veces alguien pone la casa por inercia. A veces alguien cocina por obligación. A veces alguien se corre, pero queda mal visto.

Y el orden —el real— no tiene que ver con que la mesa esté perfecta, sino con que las decisiones sean claras.

Orden también es animarse a decir:

  • hasta acá llego

  • esto sí puedo

  • esto no

  • esto necesito que sea compartido

Organizar no es cargar. Organizar es repartir.

Una casa ordenada para las fiestas no es la que parece salida de una revista.
Es la que no deja a una persona agotada y a las demás cómodas.

Repartir tareas no rompe el clima.
Al contrario: lo hace más liviano.

Cuando cada uno sabe qué le toca, baja la tensión.
Cuando todo queda implícito, sube el resentimiento.

Y eso se siente en el ambiente, aunque nadie lo diga.

Por ejemplo mi primo Eze envio mensaje en el grupo que tenemos los primos y dijo "el 25 nos juntamos en casa como el año pasado, el que quiere venir trae algo de comer y tomar, traspasen mensajes a sus viejos" , un mensaje simple, quiero que estemos juntos pero todos compartimos algo en la mesa, y ayuden a extender el mensaje ...

Antes de mover muebles o limpiar de más, conviene ordenar otra cosa:
las expectativas.

No todas las familias funcionan igual.
No todos los años son iguales. No todas las casas están para recibir de la misma manera.

Diciembre también es momento de revisar qué modelo de encuentro queremos sostener y cuál ya no.

Tal vez este año no hace falta tanto. Tal vez hace falta algo distinto.
Tal vez hace falta hablar antes.

A mi me encantan las fiestas, me encantan las reuniones, pero hubo un par de años que pusimos como pausa el 24 que generalmente lo pasamos aca en casa,y tambien estuvo bien.

Las fiestas no se arruinan por falta de orden.
Se arruinan cuando alguien se siente sola sosteniendo todo.

Ordenar para recibir no es hacer más.
Es hacer con sentido.

Que la casa acompañe el encuentro, no que lo complique.
Que diciembre no sea solo un mes de obligaciones, sino de elecciones un poco más conscientes y  sobre todo felices!

Abrazo organizado

VP® Vivi Papa


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