Durante mucho tiempo pensé que mi trabajo era ordenar casas
Espacios. Placares. Cajones. Rutinas.
Y sí, eso hacía.
Pero no era todo.
Con los años empecé a notar algo que no entraba en ninguna checklist: cuando una mujer empezaba a ordenar su casa, algo más se movía adentro.
Siempre fui organizada.
El orden fue, desde chica, mi manera de habitar la vida con más claridad y energía.
Ordenar me daba foco. Me daba calma. Me daba sensación de control cuando afuera todo parecía moverse demasiado.
Durante mucho tiempo creí que eso era simplemente una habilidad.
Hoy sé que era una forma de estar en el mundo.
Antes de dedicarme de lleno a la organización, trabajé muchos años acompañando cuerpos. Si leiste bien, si sos nueva por aca te enteras que soy profesora de fitness, daba clase y estudiaba toda actividad que se pueda dicatr en un gimnasio, que lindo moverme, pero despues de mis dos hijos, cuando decidi quedarme en casa, pues ya no estaba para esos trotes jaja, hubo un momento en el que algo empezó a incomodar.
No fue de golpe. Fue una pregunta insistente, silenciosa, que aparecía cada vez más seguido:
¿Esto es todo? ¿Dónde quedó el propósito?
Sentía que hacía, pero no terminaba de encontrar sentido.
Cuando descubrí la organización profesional, algo encajó.
Pero no como me lo habían contado.
No era solo ordenar espacios. Era observar procesos.
Escuchar historias. Acompañar decisiones difíciles.
Empecé a ver con claridad algo que hoy es parte de mi mirada:
cuando una mujer ordena su casa, también se ordena por dentro.
No era solo acomodar objetos. Era soltar.
Elegir. Desapegarse.
Era animarse a revisar qué seguía teniendo sentido y qué no.
Era recuperar energía. Era volver a sentirse liviana.
Ahí entendí que el orden que transforma no es el perfecto, sino el que acompaña un proceso real.
Ese fue el punto de inflexión.
Fue ahi que encontre mi lugar. Y también cómo quería nombrarme.
Hoy soy Mentora de claridad y orden interno.
Acompaño a mujeres que sienten que cargan con todo a recuperar alivio, foco y dirección.
No desde un pedestal. Desde lo vivido.
Desde haber transitado mis propios procesos.
No trabajo con recetas mágicas. No creo en fórmulas universales.
Trabajo con escucha.Con microacciones. Con procesos reales.
Porque el orden que dura es el que se adapta a la vida real.
A los tiempos reales. A las personas reales.
Algo nuevo se está abriendo.
Un espacio íntimo, profundo y acompañado.
No para hacer más. Sino para hacer con sentido.
Porque las transformaciones verdaderas no empiezan afuera.
Empiezan puertas adentro.
VP® Vivi Papa