Hay etapas en las que sentís que la vida te está poniendo a prueba todo el tiempo.
No terminaste de resolver una cosa y aparece otra. Se te empieza a romper en cadena cada electrodoméstico o cualquier cosa en tu casa, el auto te falla...
Aumentan los precios, aparecen gastos que no esperabas, el trabajo no siempre llega como necesitás, los proyectos tardan más de lo que imaginabas y, si además emprendés, no todos los meses se parecen.
No tenés un sueldo fijo que te permita saber exactamente con cuánto contás. Hay meses buenos, meses difíciles y otros en los que hacés todo lo que está a tu alcance y, aun así, los números no cierran como querías.
Y mientras tanto, la vida sigue.
Hay que trabajar, pagar cuentas, ocuparse de la casa, responder mensajes, tomar decisiones, estar para otros y tratar de no perder de vista aquello que alguna vez soñaste construir.
Y llega un momento en el que te preguntás: ¿cuánto más puedo sostener esta vida?
Creo que todas, en algún momento, pasamos por esa sensación.
Ese cansancio que no se soluciona durmiendo una noche entera. Esa necesidad de desaparecer un rato de todas las obligaciones. Esas ganas de patear el tablero, apagar todo y decir "hasta acá llegué".
Y no necesariamente porque quieras abandonar tu vida. A veces simplemente necesitás dejar de sostenerla de la manera en que venís haciéndolo.
A mí también me pasó. Me pasa.
Porque detrás de la persona que acompaña, que trabaja, que crea, que enseña y que intenta transmitir claridad, también hay una mujer que tiene días en los que se preocupa, se cansa, se frustra y se pregunta cómo seguir.
No te cuento esto para decirte que tengo las respuestas. Te lo cuento porque no quiero hablarte desde un lugar en el que parece que yo ya atravesé todo y ahora sé perfectamente cómo vivir.
Soy tan humana como cualquiera de ustedes. Y justamente por eso aprendí algo que hoy considero fundamental: hay una diferencia enorme entre estar cansada y dejar de sostenerte.
Cuando estamos mucho tiempo bajo estrés, nuestro mundo empieza a achicarse. Ya no pensamos en lo que queremos. Pensamos en lo urgente. Ya no elegimos con claridad. Resolvemos.
Ya no proyectamos. Apagamos incendios. Entramos en modo supervivencia.
Y cuando vivimos demasiado tiempo así, hasta las cosas que antes nos daban entusiasmo empiezan a sentirse como otra obligación.
Ahí aparecen la ansiedad, la irritabilidad, la procrastinación, la dificultad para concentrarnos y esa sensación tan incómoda de estar haciendo muchísimo sin avanzar realmente.
Y también aparece una pregunta que puede ser muy dura:
"¿Qué me está pasando?". Quizás no te está pasando nada extraordinario. Quizás estás cansada.
o llevás demasiado tiempo sosteniendo esa mochila en tu espalda que cada vez pesa mas!
Y quizás lo primero que necesitás no es exigirte más, sino recuperar un poco de claridad.
Por eso, cuando siento que estoy llegando a ese lugar, vuelvo a cosas muy simples.
Respiro. Bajo el ritmo aunque sea unos minutos. Dejo de intentar resolver todo al mismo tiempo.
Miro qué es realmente urgente y qué puede esperar. Elijo una sola cosa y empiezo por ahí.
Y, sobre todo, intento no tomar decisiones definitivas desde un momento de agotamiento.
Porque cuando estamos exhaustas, todo parece más grande, más difícil y más definitivo de lo que realmente es. A veces necesitamos salir del agua antes de decidir si queremos seguir nadando.
Y salir a la superficie no significa abandonar. Significa recuperar el aire.
Después podemos volver a mirar. Volver a elegir. Volver a ordenar.
Porque el orden también tiene que ver con esto. No solamente con una casa, una agenda o una lista de pendientes, sino con poder distinguir qué necesita mi atención hoy, qué puede esperar, qué estoy sosteniendo de más y dónde estoy poniendo una energía que ya no tengo.
Eso es parte de lo que trabajamos en Puertas Adentro, y ahora también en orden en accion mi nueva mentoría de 4 semanas.
No para construir una vida perfecta, porque esa vida no existe. Sino para recuperar claridad en medio de la vida real.
Esa que tiene imprevistos, cuentas, responsabilidades, cambios, incertidumbre y días en los que simplemente no sabemos de dónde vamos a sacar un poco más de energía.
Quizás no siempre podamos elegir lo que sucede. Pero sí podemos empezar a elegir cómo queremos atravesarlo.
Y a veces seguir no significa avanzar a toda velocidad.
A veces seguir es respirar profundo, acomodar lo urgente, pedir ayuda, descansar, hacer una cosa y después otra. Hasta volver a sentir que estamos nuevamente arriba de la superficie.
No sé si la vida va a dejar de ponernos a prueba. Probablemente no.
Lo que sí sé es que no tenemos que atravesar cada etapa demostrando que podemos con todo.
También podemos parar, decir "hoy no puedo", cambiar de estrategia y porque no en muchos casos empezar de nuevo.
Y si alguna vez sentís ganas de patear el tablero, quizás antes de hacerlo puedas preguntarte algo:
¿Quiero cambiar mi vida o simplemente necesito descansar de la manera en la que la estoy viviendo?
La respuesta puede cambiarlo todo...
Gracias por leerme.
Abrazo organizado.
VP® Vivi Papa