Armar el árbol: caos, tradición o simplemente… un deporte extremo
Hay dos tipos de personas.
Las que esperan diciembre con brillo en los ojos y las que, cuando escuchan “árbol de Navidad”, sienten que alguien les agregó otra tarea a una lista que ya está llena.
Y después estoy yo: que el 8 lo armo, y el 6 de enero, Día de Reyes… chau, lo desarmo y a otra cosa mariposa. En mi casa el árbol tiene fecha de vencimiento, como los yogures jajaja...
Pero volvamos a vos.
El clan del “lo armé y me cambió el alma”
Estas personas (quizás seas vos) aman el ritual: sacar las cajas, ver qué quedó sirve del año pasado, enchufar las luces y rezar para que prendan.
Les encanta el momento, el ambiente, la música navideña de fondo… hasta que aparece esa bolita que no combina con nada pero que guardan igual porque “es del 2010 cuando fuimos a…”.
Para este grupo, el árbol trae calma, alegría y una especie de permiso para empezar a cerrar el año.
El clan del “¿por qué tengo tantas cosas guardadas?”
Acá están quienes abren la caja del árbol y les agarra un mini ataque de ansiedad:
cables que se enredaron solos
adornos que no saben de dónde salieron
piñas, moños, cintas, luces, lucecitas dentro de lucecitas
una estrella que pesaría menos si fuera de cemento
Y ni hablar si tenés criaturas, mascotas o un living pequeño: armar el árbol es casi una coreografía entre paciencia, supervivencia y equilibrio emocional.
Este grupo quiere decorar, pero sin que el proceso deje la casa patas para arriba. Y es válido quererlo así.
El orden (o desorden) no está en el árbol… está en el ritual
Lo digo siempre: ordenar no es decorar.
Pero decorar sin intención sí puede desordenar.
Por eso, antes de empezar:
Mini microacción previa:
Abrí la caja y hacé un descarte express:
¿Qué ya no te gusta?
¿Qué está roto desde el 2018?
¿Qué nunca usaste pero seguís guardando “por las dudas”?
Lo que ya no suma, afuera. Lo que sí, a la vista. Y de paso seguis con la tradición de sacar dos o 3 objetos viejos y traer uno nuevo, lo mismo siempre anota cuando cambiasta el arbol, la tradición dice que cada 7 años tenes que regalarlo y comprar uno nuevo!
Armarlo con sentido: tu árbol, tu casa, tu ritmo
Un árbol no tiene que ser perfecto, ni de Pinterest, ni de revista.
Tiene que ser tuyo, en tu casa real, con tus tiempos reales.
Acá va un menú posible (sin reglas absolutas):
Minimalista: pocos adornos, tonos neutros, solo luces, cero estrés.
Emocional: cada adorno cuenta algo, un viaje, un año, una persona. ( el que mas absorve energia, ojo con este)
Práctico: chiquito, fácil de mover, fácil de guardar.
Blooper-friendly: apto para niños, gatos, perros y adultos con torpeza estacional.
Clásico: rojo, verde y dorado, un infaltable de la vida. El que elijo yo!
Elegí lo que te represente hoy.
Lo que te dé calma, no presión. Lo que acompañe tu cierre de año… no lo que te lo complique.
Y si no querés armarlo… también está bien
Te lo digo con honestidad puertas adentro:
No armar el árbol no te hace menos navideña, menos madre, menos persona organizada.
Tal vez este año necesitás menos brillo y más calma.
Tal vez un arbolito mini es suficiente.
Tal vez tu decoración es una vela, una guirnalda y listo.
No hay caos si hay decisión consciente.
La Navidad empieza cuando vos decidís, no cuando el calendario te empuja.
Armar el árbol puede ser disfrute.
Puede ser caos.
Puede ser tradición.
Puede ser un ritual que te ordena el alma.
Sea como sea, que sea tu versión, con intención, con calma… y hasta con un toque de humor, porque al final, un árbol torcido se endereza, pero una cabeza cargada se alivia puertas adentro.
Abrazo organizado y que el 8 de diciembre sea disfrute y no caos!
VP® Vivi Papa